Belém marca un punto de inflexión para la acción climática global

La cumbre brasileña no dejó lugar a excusas y puso al mundo en rumbo hacia una acción significativa 

Por Thais López Vogel 

La COP30, celebrada en Belém (Brasil), llegó en un momento en que los impactos climáticos golpean con más fuerza de la que el mundo puede responder. Pero esta cumbre fue importante, y no solo porque Brasil la organizó en el corazón de la Amazonía, un recordatorio vivo de lo que está en juego. 

También lo fue porque, pese a la resistencia política y a años de promesas incumplidas, el mundo salió de Belém con una dirección más clara. Esa dirección apunta de forma inequívoca a una transición hacia la energía limpia. 

La crisis climática avanza más rápido que la diplomacia mundial. Los incendios, las inundaciones, las olas de calor y otros desastres se intensifican cada año, pero la financiación necesaria para afrontarlos sigue siendo insuficiente. Por ello, una de las señales más relevantes de la COP30 fue el llamamiento a triplicar la financiación para la adaptación antes de 2035. 

No es vinculante y los países aún deben negociar los detalles. Pero, después de años de vacilación, una expectativa política de esta magnitud es importante. Marca la pauta, la trayectoria y la presión por actuar. 

Cerrar la brecha no es opcional 

Los compromisos climáticos nacionales actuales no mantendrán al mundo cerca del límite de aumento de temperatura de 1,5 grados Celsius. La COP30 obligó a los gobiernos a afrontar este hecho incómodo. 

La Misión de Belém para 1,5 y el Acelerador de la Implementación Global no resolverán el problema por sí solos, pero hacen algo que el proceso evitó durante demasiado tiempo. 

 Subrayan lo que los países deben hacer ahora, no en un futuro lejano. Crean un mecanismo para denunciar la falta de ambición y respaldar acciones más firmes. Para un proceso criticado con frecuencia por su lentitud, se trata de un cambio bienvenido. 

La transición real entra en la conversación 

Uno de los resultados más relevantes fue la creación del Mecanismo de Acción de Belém. Durante años, la transición justa fue una expresión utilizada por líderes políticos sin consecuencias reales. 

La COP30 cambió esa dinámica. El mecanismo incorpora formalmente el principio de que trabajadores, comunidades y países en desarrollo no pueden quedar como daños colaterales en la carrera por la descarbonización. Podría convertirse en la base de una transición global justa si los países deciden fortalecerlo. 

Una forma de medir si avanza la adaptación 

Otra victoria discreta pero fundamental fue el acuerdo sobre indicadores del Objetivo Global de Adaptación. 

Han sido necesarios años para llegar a este punto, y el marco aún debe perfeccionarse. Pero medir la resiliencia es esencial para construirla. Por primera vez, los países comparten una base común para evaluar si el mundo se vuelve más seguro en un planeta que se calienta. 

Los combustibles fósiles, la tarea pendiente 

La cuestión más controvertida, la eliminación gradual de los combustibles fósiles, no apareció en el texto final de la COP. Es una decepción, pero no una derrota. De hecho, el impulso fuera del resultado formal fue posiblemente más fuerte que el logrado en las negociaciones. 

En los últimos días de la COP30, Brasil lanzó un nuevo proceso para mantener el tema en el centro de la COP31. Colombia y los Países Bajos se ofrecieron para coorganizar la primera Conferencia Internacional sobre la Transición Justa para Abandonar los Combustibles Fósiles en 2026. 

Veinticuatro países respaldaron la Declaración de Belém, que pide una eliminación gradual y ordenada de los combustibles fósiles. Camboya se sumó a la iniciativa del Tratado de los Combustibles Fósiles. También se puso en marcha el Fondo Journey para movilizar miles de millones destinados a la transición. 

El sector privado se moviliza 

Otro cambio importante fue el creciente reconocimiento de que la financiación pública por sí sola no bastará para financiar la transición energética mundial.  

Iniciativas como la Kinetic Coalition muestran que el capital privado puede ser parte de la solución. Su objetivo es usar créditos para la transición energética a fin de ayudar a los países en desarrollo a retirar de forma anticipada las centrales de carbón y ampliar la energía limpia.  

Si se aplican de manera responsable, estos modelos podrían redefinir los sistemas energéticos en regiones donde la demanda crece con mayor rapidez. 

La COP30 fue un punto de inflexión. Aportó nuevas herramientas, voluntad política y espacios de cooperación. Puso la justicia en el centro y demostró que, incluso cuando las negociaciones no dan los resultados esperados, el liderazgo puede surgir en otros ámbitos mediante alianzas, innovación financiera y compromisos nacionales firmes. 

Belém no cerró la brecha de ambición, pero redujo las excusas. Ahora corresponde a los países demostrar que este impulso no fue un momento aislado, sino el inicio de una transformación que el mundo ya no puede permitirse retrasar. 

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