Cómo adaptar la atención cardiovascular y renal en un clima cambiante

Por Mike Devoy
Director Médico, Bayer 

Este artículo forma parte de: Reunión Anual del Foro Económico Mundial 

  • El aumento de las temperaturas intensifica las enfermedades, sobrecarga los sistemas de salud y profundiza las desigualdades globales.
    • Junto con las estrategias de mitigación, es necesario acelerar los esfuerzos de adaptación en salud a escala mundial, especialmente en las comunidades afectadas de manera desproporcionada.
    • Las enfermedades cardiovasculares y renales se ven agravadas por la crisis climática. ¿Cómo podemos afrontar este desafío y fortalecer la resiliencia del sistema de salud en su conjunto? 

 

La crisis climática ya no es un problema ambiental lejano. Es una fuerza desestabilizadora que está transformando las bases de la salud humana. A medida que el aumento de las temperaturas intensifica las enfermedades, presiona los sistemas de salud y profundiza las desigualdades globales, comprender esta convergencia resulta esencial. 

Junto con las estrategias de mitigación, es necesario intensificar los esfuerzos de adaptación en salud a escala global, especialmente en las comunidades afectadas de forma desproporcionada. En un mundo más cálido, muchos hogares del norte de Europa, Canadá y Estados Unidos se volverán inhabitables sin aire acondicionado. Habrá tormentas violentas e impredecibles que dañarán infraestructuras sanitarias esenciales, y el aumento de los costos de la energía y los alimentos empujará a más personas a la pobreza. 

Para 2050, el calentamiento global podría contribuir a 14,5 millones de muertes adicionales, 12,5 billones de dólares en pérdidas económicas y 1,1 billones de dólares en costos sanitarios adicionales. La adaptación de la salud hace que la conversación sobre el deterioro climático sea real, urgente y operativa aquí y ahora. 

Tomemos como ejemplo las enfermedades cardiovasculares y renales. Las enfermedades cardiovasculares ya causan el 32 % de las muertes a nivel mundial, es decir, 17,9 millones de fallecimientos al año, y afectan a 640 millones de personas en todo el planeta. La enfermedad renal crónica, estrechamente vinculada a las afecciones cardiovasculares, afecta a 700 millones de personas, alrededor del 9 % de la población mundial. 

La alteración del clima y otros factores ambientales desempeñan un papel clave en el agravamiento de las enfermedades cardiovasculares y renales, a través de la exposición al calor extremo, la mala calidad del aire y la interrupción de los servicios de salud durante eventos meteorológicos severos, entre otros factores. Esto, a su vez, incrementa la incidencia, la prevalencia, la mortalidad y la morbilidad de estas enfermedades, además de retrasar u obstaculizar el acceso a una atención adecuada. 

Las enfermedades agravadas por las condiciones climáticas, como las cardiovasculares y renales, deben abordarse de manera integral y multisectorial para mejorar la resiliencia general de los sistemas de salud. Para las empresas que operan en el sector sanitario, esto implica reforzar su participación en programas colaborativos y alianzas en comunidades afectadas, con el fin de proteger y mejorar el acceso equitativo a la atención médica en un contexto de transformación climática. 

En un mundo que se calienta, es imprescindible acelerar los esfuerzos globales de adaptación en salud, especialmente en las comunidades más vulnerables.

¿Cuál es la mejor manera de lograr esto? Para ayudar a responder esta pregunta, Economist Impact publicó una visión y un marco con miras hacia 2030 con cinco componentes diseñados para apoyar a los sistemas de salud en la reducción de los efectos del calentamiento global sobre la salud cardiovascular, renal y metabólica. 

El primer componente consiste en mejorar los estándares de atención para las personas en riesgo de enfermedades cardiovasculares y renales, desde la prevención hasta la detección temprana y las intervenciones adecuadas. Incorporar estrategias de adaptación climática en este contexto implica identificar qué grupos de población son más vulnerables a condiciones ambientales adversas, como el calor extremo y la contaminación del aire. 

Los modelos de prevención exitosos deben ir más allá de los factores de riesgo metabólico individuales abordados dentro de los centros de salud, y avanzar hacia políticas y prácticas que regulen condiciones de vida y trabajo seguras. A las personas con enfermedades cardiovasculares se les debe recomendar aumentar la ingesta de líquidos, permanecer en lugares frescos y reducir la actividad física durante las olas de calor. En algunos casos, también será necesario ajustar las dosis de los medicamentos, a menudo basándose en el criterio clínico. 

El segundo componente se centra en fortalecer la prestación de servicios de salud. Esto incluye abordar de forma proactiva las debilidades existentes en los sistemas sanitarios que perpetúan las desigualdades. Esta tarea es crucial, ya que el calentamiento global agravará estas brechas. La atención debe descentralizarse, por ejemplo, mediante el uso de la telemedicina para garantizar mayor continuidad y acceso equitativo. Asimismo, los sistemas de salud deberán prepararse para desastres climáticos mediante infraestructuras reforzadas, planes de gestión de emergencias y protocolos específicos para afecciones cardiovasculares y renales. 

El tercer componente, la transición ecológica de los sistemas de salud, está estrechamente vinculado con la prestación de atención de calidad. Su objetivo es mejorar los resultados en salud y reducir la necesidad de tratamientos intensivos en recursos, como la diálisis. Junto con programas poblacionales para mejorar el diagnóstico y la detección temprana, la medicina de precisión, a través de pruebas genéticas o algoritmos de inteligencia artificial, permitirá que los pacientes que más se benefician de un tratamiento puedan acceder a él. 

Las tecnologías también pueden apoyar el autocuidado, ayudando a las personas a evaluar mejor sus síntomas y a recibir orientación personalizada. Además, las empresas proveedoras de productos y servicios sanitarios pueden integrar principios de diseño circular y sostenibilidad desde las primeras etapas del desarrollo, al tiempo que aceleran la descarbonización en toda su cadena de valor. 

El cuarto componente, el fortalecimiento de la conciencia y la educación, es un ámbito en el que los líderes del sector salud pueden generar un impacto significativo. Muchas personas con enfermedades cardiovasculares y renales crónicas desconocen los riesgos asociados a la exposición al calor extremo. De hecho, una encuesta a 1000 profesionales de la salud reveló que menos de la mitad tenía conocimientos sobre el impacto del calentamiento global en la salud renal o sobre la huella ambiental de la atención renal. 

Ya están en marcha programas educativos dirigidos a profesionales de la salud, que integran la relación entre clima y salud en los planes de estudio universitarios y de posgrado. Las colaboraciones con organismos de salud pública, sociedades científicas y organizaciones de pacientes garantizarán que información de calidad llegue al público general. 

El quinto y último componente se enfoca en mejorar la investigación, los datos y la vigilancia. Avanzar con rapidez en el campo de la investigación sobre clima y salud requerirá una sólida colaboración intersectorial y transfronteriza. Existen importantes vacíos de evidencia, desde la falta de guías clínicas y políticas basadas en datos que protejan a las personas con enfermedades cardiovasculares y renales, hasta la comprensión de los mecanismos fisiopatológicos y farmacológicos asociados a la exposición al calor. 

Los sistemas de alerta temprana basados en datos deben proporcionar información relevante para las personas con enfermedades cardiovasculares y renales, lo que implica escuchar y aprender de las comunidades locales. Ya se han publicado ejemplos de sistemas eficaces de alerta por calor como estrategias de prevención cardiovascular. 

Estos cinco componentes están respaldados por tres elementos transversales: la colaboración multisectorial, el financiamiento y el liderazgo. La visión ambiciosa descrita puede implementarse en el corto y mediano plazo, y las empresas de ciencias de la vida pueden desempeñar un papel clave como facilitadoras. A medida que los extremos climáticos intensifican los riesgos para las personas con enfermedades cardiovasculares y renales, fortalecer sistemas de salud resilientes ya no es una opción, sino una urgencia. Debemos actuar ahora para proteger la atención médica, cuidar a las personas en situación de vulnerabilidad y garantizar un acceso inclusivo y equitativo a la salud en un mundo que cambia rápidamente. 

Licencia y republicación
Este artículo del Foro Económico Mundial se republica de conformidad con la Licencia Pública Internacional Creative Commons AtribuciónNoComercialSinDerivadas 4.0, y de acuerdo con sus Términos de Uso.
Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente las del autor y no las del Foro Económico Mundial ni de la Fundación VoLo. 

Share this article.

Facebook
Twitter
LinkedIn

We bring you the most up-to-date news and research.