Por Thais López Vogel
La vida en Florida transcurre junto al agua. En esos momentos, es fácil recordar por qué elegimos llamar hogar a este estado. Las costas forman parte de nuestra identidad. Impulsan nuestra economía, tienen una extraordinaria biodiversidad y ofrecen el espacio donde tantas familias construyen sus vidas.
Pero esas mismas playas también cuentan otra historia.
Una botella de plástico arrastrada por la marea. Un sedal de pesca enredado entre las algas. Fragmentos de envases y envoltorios de comida sobre la arena. Ninguno de estos residuos parece especialmente importante por sí solo. Juntos, nos recuerdan que nuestras decisiones cotidianas son fundamentales para el futuro del estado que llamamos hogar.
Esa es una de las razones por las que creamos Florida Climate Week™. Queríamos ofrecer a las personas la oportunidad de experimentar cómo se ejerce el liderazgo ambiental en sus propias comunidades.
Por esa misma razón, una jornada de limpieza costera es una de las primeras actividades del programa de este año. Organizada en alianza con iCare Day Program y Sea Turtle Adventures, se realizará el lunes 28 de septiembre, a las 10:00 AM en Gulf Stream Park.
Con frecuencia me preguntan si limpiar una playa realmente hace alguna diferencia. Mi respuesta siempre es la misma: sí, porque el valor de una jornada de limpieza no puede medirse únicamente por la cantidad de basura que se recoge.
Su verdadero impacto se refleja en las personas que, al terminar la jornada, miran la costa con otros ojos.
Un niño que recoge un pedazo de plástico en lugar de pasar de largo puede convertirse en un adulto con una visión diferente sobre los residuos. Un voluntario que dedica una mañana a retirar sedales de la arena puede empezar a prestar más atención a todo lo que termina en los desagües, los ríos y, finalmente, el océano. Cuando las comunidades trabajan hombro a hombro, desarrollan algo igual de importante: un sentido compartido de responsabilidad.
Así es como comienza el cambio duradero.
Nuestros arrecifes de coral están soportando una presión sin precedentes debido al aumento de la temperatura del agua. Los manglares y humedales costeros enfrentan la presión del desarrollo urbano y del aumento del nivel del mar. La contaminación por plásticos sigue amenazando a tortugas marinas, aves costeras, delfines y peces. A esto se suma la contaminación por nutrientes, que favorece la proliferación de algas nocivas y afecta tanto a la vida silvestre como a las comunidades locales.
Cuando cuidamos nuestras costas, también estamos protegiendo el turismo, la pesca, la biodiversidad, la salud pública y la actividad económica que define a Florida.
Sin embargo, proteger el océano implica mucho más que participar en una limpieza de playa una vez al año.
Lo más importante es reconocer que la protección del medio ambiente no es una tarea exclusiva de científicos, responsables de formular políticas públicas u organizaciones sin fines de lucro. Nos corresponde a todos.
Una de las lecciones más importantes que he aprendido con los años es esta: las personas difícilmente desarrollan un verdadero compromiso con aquellos lugares en los que nunca han vivido. Pero cuando caminan por una playa, plantan un árbol, restauran un hábitat o limpian una costa junto a sus vecinos, ese lugar deja de ser un sitio cualquiera y se vuelve algo personal.
Y aquello que sentimos como propio es algo que estamos dispuestos a proteger.
Florida Climate Week nació porque la participación crece a partir de las experiencias vividas. Necesitamos esos momentos que nos recuerden que cada uno de nosotros puede contribuir.
Los desafíos que enfrentan nuestros océanos pueden parecer, en ocasiones, abrumadores. Sin embargo, la historia demuestra que los cambios verdaderamente importantes casi siempre son el resultado de innumerables acciones individuales que, en conjunto, generan un impacto real.
Si cada uno de nosotros deja la costa un poco mejor de como la encontró, quizá también dejemos una Florida mejor para las generaciones futuras.
Foto: JC Campos





