Desde el aire que respiramos hasta la comida que consumimos, los microplásticos están invadiendo nuestras vidas y nuestra salud. Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia para mejorar la situación
Por Carlos Roa
El término “microplásticos” se utilizó por primera vez en 2004. Estas diminutas partículas de plástico se han convertido en contaminantes extendidos en el medio ambiente, lo que supone un riesgo para la salud humana y la naturaleza.
Según los Institutos Nacionales de Salud, los microplásticos “provienen de la degradación de los plásticos, omnipresentes en la naturaleza y que, por lo tanto, afectan tanto a la fauna silvestre como a los seres humanos”.
Pueden medir entre 1 nanómetro y 5 milímetros. Para ponerlo en perspectiva, 1 nanómetro representa apenas una fracción del grosor de un cabello humano, mientras que 5 milímetros es aproximadamente el grosor de un anillo de matrimonio estándar.
Están presentes en el agua que bebemos, los alimentos que consumimos, la ropa que usamos y el aire que respiramos. Se han infiltrado en los ecosistemas de todo el mundo, desde arrecifes de coral hasta el remoto hielo antártico. Incluso han entrado en el cuerpo humano, incrustándose en tejidos que van desde el cerebro hasta los órganos reproductivos.
Navegando los microplásticos
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en cuanto a “la producción y el uso mundial de plásticos, alcanzará los 736 millones de toneladas métricas en 2040, lo que equivale a un aumento del 70 % con respecto a los 435 millones de toneladas de 2020”. Esto significa que los ya omnipresentes plásticos en nuestro mundo seguirán creciendo, lo que provocará una mayor propagación de estas partículas y las consecuencias cada vez más graves para el medio ambiente y la salud humana que ello conlleva.
El aumento de los residuos plásticos representa un riesgo creciente para la salud humana. Un estudio de BioMed Central concluye que la inhalación de microplásticos puede inflamar los pulmones y provocar problemas respiratorios, mientras las sustancias químicas asociadas pueden alterar el equilibrio hormonal del organismo, según investigadores de la Universidad de Rutgers.
Nuevas pruebas presentadas por Science Advances también indican posibles efectos en la función y el desarrollo del cerebro, mientras que estudios preliminares sugieren una posible asociación entre la exposición a los microplásticos y un mayor riesgo de cáncer, como afirma BioMed Central.
Cómo reducir los microplásticos en la vida diaria
Sí, los microplásticos están a nuestro alrededor, pero pequeños cambios en el estilo de vida pueden ayudar a reducir la exposición y evitar que se liberen más partículas al medio ambiente.
Empieza por tu ropa. Los tejidos sintéticos como el poliéster desprenden pequeñas fibras cada vez que se lavan o secan. Elegir tejidos orgánicos o naturales como algodón, cáñamo o lana puede marcar la diferencia. También puedes contribuir lavando con menos frecuencia, evitando el ciclo delicado y secando al aire libre en lugar de usar la secadora, que libera grandes cantidades de microfibras al aire.
Revisa tus residuos plásticos. Son otra fuente importante de microcontaminación. Di no a los plásticos de un solo uso siempre que puedas: lleva tu propia bolsa a la tienda, cambia las pajillas de plástico por otras reutilizables y lleva una botella de agua rellenable en lugar de comprar botellas desechables.
Ten cuidado con los plásticos en lugares inesperados. Algunos cosméticos y productos de limpieza contienen microperlas, diminutas partículas de plástico que suelen aparecer en la lista de ingredientes como polietileno (PE), polipropileno (PP) o PET. Elegir alternativas sin plástico es mejor para tu piel y para el planeta.
Cuida tus hábitos alimenticios y culinarios. Los mariscos suelen contener microplásticos procedentes de océanos contaminados, por lo que reducir su consumo puede limitar la cantidad que llega a tu plato. También evita calentar alimentos en el microondas en recipientes de plástico, aunque indiquen que son “aptos para microondas”. El calor puede hacer que los compuestos plásticos migren a tu comida.
En casa, la limpieza regular ayuda. El polvo puede contener microplásticos, por lo que pasar la aspiradora y limpiar el polvo semanalmente, junto con el uso de buenos filtros de aire, mantiene el aire interior más fresco y seguro.
Por último, recuerda que tus acciones personales son poderosas, pero lo son aún más cuando se combinan con esfuerzos colectivos. Apoya las políticas y organizaciones que trabajan para reducir la contaminación por plásticos. Al votar, hacer voluntariado o donar, puedes ayudar a impulsar un cambio mayor que proteja tanto a las personas como al planeta.





